LA VIDA MONTE ADENTRO

 

La historia de una mujer rodeada por la soledad del monte santiagueño

 

Se llama Manuela, tiene más de 90 años y solo habla quechua. Vive sola en el paraje Punta Isla y su vida es una razón de orgullo para muchas personas que la conocen.

 
Icaño

Por Juan Marcelo Lagos

 

Icaño, Avellaneda. Cuando uno observa las facciones de su rostro, un rostro gastado por el paso del tiempo y cubierto de las marcas dejadas por una vida casi centenaria en las entrañas del monte santiagueño y lejos de las comodidades, mínimamente es desafiado a la curiosidad. ¿Qué historias rodearán a esta mujer? ¿Qué pensamientos ocupará su mente? ¿Qué enseñanzas podría dejarnos? y un sinnúmero de interrogantes que genera el solo hecho de mirar a doña Manuela Córdoba, de quienes sus familiares testifican que ya ha vivido más de 90 años y nunca salió de su casa.

Doña Manuela vive en un rancho del paraje Punta Isla, a 18 kilómetros de Icaño en el departamento Avellaneda. Ella interrumpe su soledad con la compañía de dos gatos y un perro que nunca la abandonan. Es que difícilmente podría convivir con otras personas debido a que el único idioma que habla es el quechua que aprendió de sus mayores. Quienes la conocen aseguran que siempre vivió allí y que en escasas oportunidades salió al pueblo.

“Hace unos cinco años ella vivía con dos hermanos ya ancianos. Cuando la conocimos vivían los tres en una pequeña casa por lo que tuvimos que hacerles dos habitaciones, una para sus hermanos y otra para ella. Nos sorprendió que cuando los obreros iban a trabajar ella rápidamente huía hacía el monte. Así pasó un tiempo hasta que comenzó a relacionarse un poco más pero no logramos que empezará a vivir en la nueva pieza”, contó el comisionado de Icaño, Luis Herrera, organismo que se ocupó de ayudarla.

El tiempo pasó y doña Manuela quedó sin sus hermanos, quienes fallecieron dejándola sola aunque a merced de sus pocos familiares del pueblo y de las autoridades. Tras estos sucesos tristes en la vida de doña Manuela pensaron en la posibilidad de trasladarla para el pueblo para que no estuviera sola y con las asistencias debidas. Los intentos fueron en vano porque no quiso y se quedó en su casita.

Hoy vive en el mismo paraje que hace más de 90 años pero rodeada de la solidaridad y el amor de los alumnos y docentes de la escuela Nº 1.1198 de Punta Isla. En un terreno pegado al edificio escolar la comuna le acondicionó una pequeña vivienda hasta donde los niños y maestros le acercan diariamente el desayuno y el almuerzo además de otros cuidados.

Mientras le acondicionaban la vivienda la trasladaron hasta Icaño para que visitara al médico. “Fue todo un acontecimiento y hubo que traerla en sulky porque de otra manera no quería salir. Para eso también tuvieron que ir sus familiares como para convencerla”, recuerda como anécdota el comisionado.

Esta humilde mujer, llena de misterios como su lengua quechua se ha transformado en todo un símbolo de respeto para los obreros municipales, sus vecinos, especialmente para la comunidad educativa vecina y para todos los habitantes de Icaño. Todos a su modo le dispensaron su ayuda y hoy vive rodeada de muchos afectos.

Manuela

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